Tras dos décadas observando como construyen sus relaciones las empresas y los clientes, hemos llegado al punto de concebir los negocios como un encuentro donde se concreta un intercambio entre personas.
Vemos los negocios como ese espacio y ese tiempo donde se
crea la danza entre quienes dan y toman; entre quienes toman y dan. Y la unidad
elemental de ese intercambio, la moneda común, es la VIDA.
Vida de personas –empleados, proveedores…- puesta ahí para
crear el producto; y vida de personas puesta ahí para alcanzar el recurso
económico que les permita adquirir el producto.
Si contemplamos este fenómeno con suficiente distancia, como
hace el artista al dar esos dos pasos hacia atrás, veremos que en todos
nosotros habitan los dos hemisferios: a veces estamos siendo productores y a
veces consumidores. Pero nuestra vida es sólo UNA, porque somos la misma
persona que produce y consume.
Nuestra vida, la única que somos, se expresa tanto a través
de nuestro rol de productor como a través de nuestro rol de consumidor.
